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LA INGENIERÍA FORESTAL Y LA CONSERVACIÓN

Introducción

Agradezco al Comité Asesor de la carrera de Ingeniería Forestal, la invitación a repensar una carrera tan hermosa, madura y sólida, y que tan importante es y será para Colombia.

El momento es oportuno: en Colombia la ingeniería forestal va llegando al medio siglo de vida, en un instante en el cual muchas sociedades, organizaciones y personas del mundo occidental están retomando su pasado y tratan de mirar hacia el porvenir con motivo del cambio de milenio. Además, las bases sobre las cuales se montó la ingeniería forestal actual, la que empezó en 1982 después de siete años de todo tipo de discusiones en muy distintas clases de escenarios, se va agotando, producto de reformas de corte pedagógico como las impulsadas y malogradas por Antanas Mockus ocho años atrás, con las respuestas subsiguientes a la inviabilidad y descontextualización de éstas; pero primordialmente, debido a la irrupción e instalación de lo ambiental como asunto público, que se debate a la par de los temas de la economía, la seguridad, la educación, la salud, etc., en los mayores centros de formación de ideas y de opinión, de Colombia y demás sociedades del mundo; y porqué no, debido a la continua revolucionarización tecnológica a la que está siendo arrastrada la especie humana, después del desarrollo de los chips y de la computadora personal.

La emergencia y el tratamiento práctico de lo ambiental, está alcanzando proporciones relativas insospechadas pocos años atrás en nuestro medio; es así como CORANTIOQUIA en este año próximo a terminar, estaría invirtiendo en los ochenta municipios de su jurisdicción, tanto como lo hizo la regional del INDERENA en casi 27 años de existencia; y así mismo, en los ocho meses que van de abril a diciembre de este año, CORANTIOQUIA, bajo contrato con Empresas Públicas, estará reforestando una superficie igual al 38% del área plantada por CORFORESTAL en sus 25 años de vida: 1.100 hectáreas.

Agréguese a las consideraciones anteriores, las inversiones ambientales de los municipios y el Departamento, así como de las entidades oficiales, las empresas privadas y los particulares, para que se comprenda el vasto campo de trabajo que se está abriendo a los profesionales forestales si saben aprovecharlo, pues afortunadamente estan apareciendo un sinnúmero de programas de estudios ambientales tecnológicos, profesionales y de posgrado, que en el afán de aprovechar las demandas de conocimiento, se han perfilado en alguna medida teniendo presente los programas de la ingeniería forestal.

Aprender de la historia

Para hacer inteligible la historia de la profesión, se tendrían que considerar tres períodos, distinguibles por los contextos socioeconómicos y los mayores acontecimientos que los acompañaron, y de varias fases marcadas por acontecimientos menores que no alcanzaron a generar impactos estructurantes o de concepción de la carrera. La ingeniería forestal cumplió 49 años de fundada, y cada uno de los tres períodos ha perdurado más o menos 16 años.

El primer período podría llamarse el de la búsqueda o de la construcción de la concepción clásica, pues era apenas obvio que su desarrollo había que levantarlo sobre la experiencia universal de la ingeniería forestal; y ya ésta tenía más de dos siglos de decantación y maduración en los países desarrollados del mundo.

El segundo período podría llamarse el de la reformulación desarrollista y tecnocrática de la carrera, pues para el momento de su replanteamiento estaba en boga en América Latina, la promoción del desarrollo desde el Estado y mediante programas formulados en las distintas agencias de éste por una tecnocracia proveniente de las universidades del mundo desarrollado. Así mismo, las Agencias de las Naciones Unidas asumieron la búsqueda del crecimiento mediante la intervención estatal que debería estimular la industrialización y el desarrollo urbano de los países subdesarrollados.

El tercer período podría llamarse el de la reformulación conservacionista, ingenieril e integral de la ingeniería forestal, pues quienes la acometieron se ocuparon de repensar la ingeniería forestal clásica, acomodada a las circunstancias de Colombia en tanto territorio de climas tropicales lluviosos y relieve de cordilleras, en el cual la cubierta vegetal natural e implantada debía ser científicamente manejada para la provisión de múltiples bienes y servicios; no sólo desde la perspectiva del Estado o del gran empresario, sino en la multiplicidad de posibilidades sociales que se presentan en su geografía: campesina, negra e indígena; municipales y regionales, etc.

Pero además, regresó la ingeniería a su condición de tal, es decir, a que se constituyera en una disciplina aplicada a la GENERACIÓN de soluciones productivas, desde la comprensión y la dirección de los procesos en su integralidad y por oposición al desempeño en las tareas mecánicas y rutinarias de éstos, lo cual es tarea fundamental de los ciclos o niveles técnicos. Adicionalmente, recompuso la misión del profesional, dirigida al servicio de la gran empresa, por el servicio al Estado y a su sociedad, incluida aquella entre la gama de posibilidades que se presentan en Colombia como país plural.

El primer período, 1951-1967: La visión clásica

En los primeros 16 años fue determinante la influencia en el programa de algunas universidades norteamericanas, particularmente la Misión de la Universidad de Michigan, y la cual estaba basada en la idea del bosque que debe ser manejado y administrado para producir buenos árboles, maximizando la producción biológica de la estación y obteniendo un valor económico del suelo, bajo una gestión sin término de tiempo que debía garantizar una baja tasa de interés –la tasa forestal- generalmente comparable con las tasas de inversiones de bajo riesgo y largos períodos de inversión, pero además, debía suministrar otros productos, denominados secundarios, y destacaba los llamados beneficios sociales, tales como la protección de los suelos y las aguas y el albergue de la vida silvestre.

En el marco de la anterior concepción, se destacaron las enseñanzas del ingeniero forestal Guillermo Illencick Zani, de origen checoeslovaco, quien reforzó y fortaleció en gran medida la visión clásica de la ingeniería forestal establecida por la Misión de la Universidad de Michigan de fines de los años 50. Sus enseñanzas de dasometría, ordenación, cartografía y valoración de bosques, de hecho fundaron la ingeniería forestal en tanto campo cohesionado de conocimientos.

Entre 1951 y 1957 se puede señalar una etapa que, aunque construida sobre una visión como la descrita, la precariedad de medios y la estrategia de montaje del programa a partir de una base común con la agronomía de entonces, le marcaron especificidades a la carrera, como para establecer una fase diferente, pero además, se produjeron tres promociones irregulares de unos cuantos ingenieros, de los cuales Rodrigo Córdoba G. destacó por su liderazgo profesional hasta principios de los años setenta. Córdoba Gaviria fue el creador de las Brigadas Forestales y, al proponer y conseguir la creación de CORFORESTAL, de hecho fue el promotor del surgimiento de algo así como 14 Corporaciones Forestales departamentales, las cuales hicieron bastante por las plantaciones forestales y su industrialización.

Otra fase podría destacarse entre 1961 y 1967, cuando entraron con mucha fuerza las enseñanzas de César Pérez F. sobre Dendrologìa y Ecología. En la Colombia de los años 60, el territorio estaba cubierto en un 70% de bosques naturales, y la herramienta de la dendrología era particularmente útil en apoyo de muy diferentes clases de trabajos forestales, y así mismo, el tránsito desde el concepto de ocho climas: cálido, templado, frío y de páramos, secos y lluviosos, usado por la población y los técnicos, hacia la definición y el manejo de 37 climas propuestos por Holdridge, que para efectos prácticos se reducían a 15 ó 20, mejoraron notablemente la precisión de los trabajos de alcance nacional y regional. Estas categorías, definidas en términos de alturatemperratura y precipitación anual, se transformaron en un sólido artilugio nemotécnico, cada una de las cuales remitía a algunas especies vegetales indicadoras, así como a ciertos cultivos agrícolas en cada lugar del territorio que se consideraba y era representado cartográficamente. La docencia de César Pérez F. era esforzada, informada y amena, y en gran medida fuera de las aulas; esto marcó un factor de diferenciación con otras cátedras en ocasiones muy pesadas y aburridas y así mismo, con la irresponsabilidad o la elementaridad de algunos de los docentes.

El segundo período, 1968-1981: La visión tecnocrática y desarrollista

Este período de la ingeniería forestal se caracterizó por la presencia e influencia de la Misión de la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas, FAO, en el programa de estudios y en general, en la dotación de equipos y el entrenamiento de personal.

La Misión empezó labores en 1967 pero sus efectos sólo se sintieron a partir de 1968, con una reforma del pensum hecha afanosamente por el decano en la sede de Bogotá, y la liquidación inconsulta del entonces Instituto Forestal el cual operaba desde 1951, para dar paso al Departamento Forestal supuestamente integrado a la Facultad. Ustedes pueden juzgar los resultados de tal decisión en el presente: todos los Departamentos de la Facultad funcionan descoordinada e independientemente, y las ventajas de operar como Instituto se perdieron.

Los cambios académicos impusieron una visión estrecha y productivista. Los métodos de enseñanza fueron rutinizados y algunas cátedras llegaron a ser abiertamente pueriles, particularmente las que dictaba el jefe de la Misión. Con contadas excepciones, la Misión de la FAO no tuvo interés alguno por acercarse al país y a su sociedad para entenderlos, y así aterrizar su trabajo. Los cambios académicos introducidos fueron inspirados por la FAO y sirvieron de base al Director de la Misión y a algunos de los expertos, para allanar el camino hacia lo que consideraban debía ser la ingeniería forestal: una carrera para producir técnicos para las empresas madereras.

La Misión cayó en los problemas corrientes que se producen en estas formas de cooperación internacional: algunos expertos extranjeros pierden los controles personales tradicionales de sus sociedades de origen y desarrollan comportamientos disolutos, pero además, la selección de los candidatos o expertos generalmente es pobre y frecuentemente, resultado de intrigas y repartijas dentro de las agencias de las Naciones Unidas; de allí que sólo unos pocos técnicos, realmente eran expertos conocedores de los campos para los cuales fueron contratados.

Los jefes de Misión y algunos expertos manejan clientelistamente el poder que les otorgan los recursos de los proyectos, pues además no existen formas rigurosas de control interno y de auditaje, y terminan por generar un clima de servilismo y de oportunismo y arribismo entre las contrapartes nacionales. Aquellos, mediante halagos como las fiestas sociales, los viajes, las publicaciones, el licor, etc., así como la promoción ante las autoridades nacionales, pues un jefe de Misión es ante todo un diplomático y un político, consiguen torcer la voluntad de los funcionarios del país receptor que acaban por entregar cualquier principio o cualquier criterio autónomo. Esto fue lo que desafortunadamente sucedió en el Departamento Forestal, y quienes mantuvimos una posición independiente fuimos hostigados y perseguidos, sutil o abiertamente.

Los efectos académicos de la Misión escasamente lograron perdurar por uno o dos años más luego de su finalización en 1975. Sin embargo, había dejado atrás un resultado claro de enfrentamientos intestinos, de arribismo y desorientación profesional; se había renunciado a la condición de ingenieros; no existía orientación alguna para trabajar en los bosques naturales, ni en las prácticas profesionales, ni en la conservación, etc., ni mucho menos en el impulso y el desarrollo de la investigación.

Entre 1975 y 1981, cuando se aprobó un nuevo programa de estudios, se vivió una de las fases o etapas más aciagas de la carrera y del Departamento Forestal en virtud del estado de cosas dejado tras la salida de la FAO, a lo que se vino a sumar la anulación y pérdida de autonomía y de recursos de la Facultad de Agronomía, que culminó con el denominado proceso de “Reestructuración de la Sede” de 1976, pues los decanos que se sucedieron entre 1967 y 1976 no tuvieron la grandeza de miras y la proyección de los decanos de los años 50 y primera mitad de los 60, y entraron a facilitar y a negociar una supuesta modernización de la Facultad, que aún hoy en día la mantiene postrada, desorganizada y sin perspectiva alguna. Simultáneamente, la Universidad apenas se restablecía de las heridas abiertas por algunos rectores y decanos (entre ellos un profesor del Departamento Forestal) que la emprendieron contra cualquier manifestación que no llevara el sello del pensamiento oficial y, para el caso que nos ocupa, contra quienes se hubieran opuesto a los manejos de la Misión.

Desde comienzos de la década de los años sesenta se venía presentando en las universidades una separación de los profesores de la militancia partidaria tradicional así como el incremento de la crítica contra las elites en el poder y la organización social del país. A partir de 1970 el gobierno colombiano arremetió contra estudiantes y profesores disidentes y ya en 1972-73 se iniciaron expulsiones masivas de aquellos.

La Sede de Medellín también vivió esta historia aciaga y triste hasta el segundo semestre de 1974 cuando el nuevo gobierno dio marcha atrás a la política de expulsiones, persecución y silenciamiento, la cual también se repitió en la Facultad y el Departamento Forestal. El cambio reinstaló las libertades de pensamiento, de palabra y de cátedra en la Universidad, pero fue aprovechado por profesores advenedizos que no habían manifestado posición alguna durante los ocho o diez años anteriores a 1974. Algunos de éstos ocuparon las decanaturas de la Sede de Medellín y montaron la denominada “Reestructuración de la Sede de la Universidad Nacional de Medellín“, con el propósito de crear “condiciones favorables al desarrollo de la ciencia“, y por ello se establecieron las Facultades de Ciencias y de Ciencias Humanas a consta de los recursos de la Facultad de Agronomía.

La Asociación de Profesores, que había optado por una posición independiente y crítica frente al gobierno de la Universidad y del país, y frente a su organización social desde 1967, se plegó a los grupos advenedizos y eclécticos del profesorado que desde entonces han girado en torno a una aburrida sucesión de Vicerrectores, la mayoría muy grises, sin posición alguna con respecto a los grandes temas universitarios o frente a los acontecimientos nacionales o frente a la reforma de la política, del sistema económico, de la sociedad, o de la ciencia y de la técnica.

Después de diez años de “reestructuración“, la ciencia no floreció. La Universidad de Antioquia no necesitó crear facultades con este propósito y más bien, la ciencia que allí se produce tiene orígenes lejanos y diversos, tal como la ciencia que en la actualidad se genera en algunas de las facultades de la Universidad Nacional, son conexión alguna con la reforma de 1976 mencionada.

Su origen y desarrollo no están en las decisiones de la burocracia universitaria, ni en los títulos de posgrado de sus profesores, sino en demandas según necesidades del mundo externo y la propensión y voluntad de alguna proporción del cuerpo profesoral hacia esta forma de vida académica.

Al cabo de pocos años de la reforma de 1976, seis u ocho, se inició una masiva pérdida de profesores de las Facultades de Ciencias y en menor medida, Ciencias Humanas, buscando el cobijo de la Facultad de Minas, desencantados con las pobres posibilidades que percibían en las nuevas facultades.

Así mismo, otras áreas que se suponía debían con el tiempo trasladarse a los terrenos que pertenecieron a Agronomía, desde la Facultad de Minas, postergaron su desplazamiento indefinidamente y más bien Minas consiguió expandir su área de desarrollo y dio comienzo al debilitamiento y cierre de una de sus carreras disidentes, Geología, mediante la creación de Ingeniería de Geología; en otra de esas etapas aciagas, en ocasiones risibles, que se viven en nuestra Universidad, sin que desde la Sociedad, la Procuraduría y la Contraloría, se investigara a los responsables de tanto desgaste y desgreño y lo que es peor, sin que nadie sufriera al menos la sanción social de las comunidades universitarias que disimulan y olvidan todo.

En medio de la batahola del descuartizamiento de la Facultad de Agronomía, el Departamento Forestal permaneció solitario defendiéndose, lo que a la postre le generó más de un enemigo, e incontables embates para despojarlo de los recursos físicos y financieros que conseguía a trabajo limpio. Es así como a mediados de esta década, el Departamento tenía proyectos de investigación por sumas que superaban ampliamente, los de cualquier Facultad por el mismo concepto.

Mikhail Gorbachov señalaba recientemente con motivo de las celebraciones por los diez años de la destrucción del muro de Berlín, que “las cosas sucedieron porque los acontecimientos lo dictaban, no porque Bush y yo así lo decidiéramos“, refiriéndose al desplome del muro y del campo socialista liderado por la Unión Soviética.

Guardadas las proporciones, algo parecido puede señalarse en el caso de la puesta en marcha de la reforma de la carrera, del pensum, y del Departamento Forestal. Los comportamientos arbitrarios y de represión se hacían sentir en la Universidad, la Facultad y el Departamento, a lo cual se sumaba el caos académico y desagradables enfrentamientos entre los profesores; particularmente entre quienes habían sido ganados en apoyo a la Misión de la FAO, y quienes nos opusimos a su manejo y orientación. Simultáneamente, el Departamento había quedado solo en la defensa de la Facultad de Agronomía, asediado por múltiples presiones para desarticularlo, académica y físicamente, por núcleos informes de profesores que ora habían guardado silencio cómplice frente a los esfuerzos de construir una comunidad universitaria independiente y crítica, u ora habían empezado a asimilarse a aquello que en el pasado inmediato criticaban. En consecuencia, “las cosas sucedieron porque los acontecimientos lo dictaban“, y se inició un lento y dispendioso proceso de reforma y recuperación.

El tercer período, 1982-1999: La visión conservacionista, ingenieril e integral

La aprobación del plan de estudios de 1981, marcó la culminación de un proceso de consensos y acuerdos entre egresados, estudiantes y profesores, el cual se consiguió durante siete años de paciente trabajo, de explicaciones y convencimientos, no obstante la mala voluntad, y el entrabamiento intentado por unos pocos estudiantes del Comité Asesor de entonces. Gracias a él, la profesión se posicionó en la Facultad, la Universidad, el Departamento de Antioquia y en muchas regiones de Colombia; pero lo que es más importante, la ingeniería forestal consiguió la condición de tal, y en gran medida se anticipó a los programas forestales de muchos lugares del planeta que aún hoy en día siguen siendo reformados para darle cabida mayor a los temas sociales, políticos y de la conservación ambiental.

Recientemente aparecieron en la cartelera de los estudiantes de ingeniería forestal (GEF), las directrices del decano de la Universidad Agrícola de Wageningen, en Holanda, acerca de la reforma del programa forestal y pude observar que éstas tenían un retraso de 18 años con respecto a las aprobadas para la carrera en 1981. Pero sobre esto ya había llamado la atención de algunos colegas cuando encontré los ricos debates sobre el mismo tema en los Estados Unidos, transcritos en el ya legendario “Journal of Forestry” de fines de la década pasada y principios de la actual, y el cual seguramente está disponible para quienes quieran consultarlo.

El período vivido por la carrera y la profesión, de 1982 al presente, no se compara con experiencias parecidas en otras profesiones. La fundamentación estadística del egresado alcanzó niveles más altos que en las demás ingenierías, excepto ingeniería industrial. La formación dendrológica se amplió a todo tipo de taxa vegetales presentes en los bosques, destacadamente las palmas. Por primera vez los estudiantes se adentraron en una ciencia congelada en su desarrollo por la descolonización de los años 60 y 70, en África, América y Asia: la Silvicultura Tropical; y por primera vez los futuros ingenieros forestales tuvieron la oportunidad de estudiar zoología y vida silvestre, hidrología y cuencas, geomorfología, reconocimiento de suelos, y otro conjunto de campos que antes no se estudiaban o eran ofrecidos por personas inexpertas, desmotivadas o sin conexión conceptual con las ciencias forestales.

Los Campamentos forestales cambiaron hasta no guardar nada en común con lo que antes se tenía por tales. Se perdieron las fronteras de las asignaturas que quedaron refundidas en un proyecto, el cual era fácilmente financiado por entidades que necesitaban de sus resultados. Además, se superó la prevención epistémica que se le guardaba a los bosques naturales; y los diferentes campos académicos recibieron el influjo benéfico del tránsito desde los cultivos forestales de Piedras Blancas, hacia los problemas planteados por los bosques naturales y las comunidades humanas de diferentes regiones de Colombia. Pero por sobre todo, el futuro ingeniero forestal cada vez entendía mejor la conexión entre su campo científico-técnico y las comunidades rurales, así como con las ciencias sociológicas, antropológicas y económicas.

El consenso y una cierta disciplina de grupo permitieron el montaje del Posgrado de Silvicultura desde 1984, el cual inicialmente impactó elevando el nivel académico de los profesores y sentó una base común de temas, literatura, principios, métodos, términos, etc., que en cierta forma contribuyeron a cerrarle el paso a muchas disputas intestinas. Desafortunadamente algunos profesores no pudieron con el ritmo de estudio que se impuso, y la deserción trajo como resultado una pérdida de perspectiva de estos en el transcurso de los años subsiguientes, entrabando en alguna medida los acuerdos requeridos en las actividades de grupo.

Por último, académicamente la carrera salió de su condición de programa de 2ª y 3ª opción y a la par que recibía el reconocimiento social por el buen desempeño de los profesionales, las inscripciones aumentaron y los puntajes de los admitidos se comparaban con los de las mejores ingenierías. Dejó de ser una carrera que recibía primordialmente estudiantes que habían salido por bajo rendimiento en otras carreras: situación frecuente en los primeros treinta años de vida del programa académico.

El movimiento de reconstrucción y de reforma que empezara en 1975 y que sólo se concretó en 1982 con la puesta en marcha del nuevo programa de estudios, y en 1984 con el Posgrado de Silvicultura, ha rendido con creces sus frutos, entre los cuales destaca el desarrollo de la mayor y mejor investigación forestal del país y la más diversificada en las temáticas, el reconocimiento de parte de COLCIENCIAS al Departamento Forestal como una de las 25 comunidades académicas de excelencia científica, la aparición y consolidación de la revista “Crónica Forestal y del Medio Ambiente“, el primer centro universitario de los sistemas de información geográfica, el premio nacional de ingeniería, otorgado por la Sociedad Colombiana de Ingeniería a un grupo de ingenieros forestales de CORANTIOQUIA, el premio nacional en ciencias naturales de la Fundación Alejandro Angel Escobar, otorgado a la Ingeniera Adriana Marín V., y en fin, la inspiración y el empuje del trabajo ambiental de CORANTIOQUIA, el cual además repercute frecuentemente en muchas de las demás Corporaciones Ambientales del país. Adicionalmente, CORANTIOQUIA recibió el honor de ser una de las entidades nominadas al premio Portafolio por su trabajo como autoridad ambiental.

El trabajo de los Forestales en CORANTIOQUIA

Grosso modo, los colegas que trabajan en CORANTIOQUIA ejercen funciones de planeación, de administración, de control y de interventoría, amén de los asuntos directamente técnicos.

Planeación. La formación genérica del forestal en el ambiente físico, y más profunda en el ambiente biótico, aunadas a su entendimiento de disciplinas sociales y económicas, lo hace un ingeniero de visión amplia capaz de interactuar con profesionales de disciplinas de campos más especializados, lo cual es particularmente útil en la coordinación de grupos de planeación en variadas temáticas. Durante el último período señalado, los forestales fueron llamados a varias oficinas de planeación y en la actualidad, ejercen una benéfica influencia en el Posgrado de Planeación Urbano-Regional, el de más trayectoria en toda la Universidad Nacional de Colombia y en la ciudad de Medellín.

Administración. Si bien los forestales administran, considero que su capacidad en este campo está muy orientada a los asuntos más operacionales, los cuales se manejan hasta los niveles intermedios de las jerarquías organizacionales pero no más allá. Esto lo atribuyo a una tradición de aislamiento profesional, que por lo menos traté de romper cuando fui profesor de la carrera, sosteniendo la necesidad de participar en experiencias profesionales múltiples, con otros ingenieros, geólogos, administradores, economistas, sociólogos, antropólogos, etc., y promoviendo el interés y el gusto por temas variados distintos a nuestra forestería: los temas de la política, las humanidades, el arte, la literatura, etc.

Al forestal, sus profesores tradicionalmente le han enseñado a desconfiar de lo que no sea de su profesión y particularmente, de la política y las ciencias sociales. Los pocos estudiantes que rompieron con estos condicionantes de formación, son hoy en día profesionales muy exitosos.

Administrar no es sólo asunto de los profesionales de la administración; es tener capacidad para entender una organización, para comprender el medio en el cual debe evolucionar, para desatar los procesos necesarios atientes a la continua materialización de su misión, y en fin, es saber liderar, motivar, orientar, etc., seres humanos y para esto el forestal tiene graves limitantes.

Interventoría. En este campo el profesional forestal se desempeña bien, pues ésta demanda claridad en lo que se pacta y adherencia flexible a ello, método y el forestal es buen ingeniero, espíritu escudriñador, capacidad de asociación, etc., y rigor, y al forestal no le falta.

Entre los asuntos técnicos casi todos los campos profesionales de los forestales, en un momento u otro, se requieran en el accionar de las Corporaciones. Los siguientes destacan por su importancia actual y futura.

Ordenamiento Territorial. Extrañamente el forestal poco se ha interesado en este campo, no obstante las ventajas con que cuenta entre las varias profesiones que se están ocupando de él.

Colombia cuenta con 1.250 municipios y cada uno de ellos debe estar elaborando los P.O.T. o planes de ordenamiento territorial. Cada POT en promedio demanda tres profesionales durante seis meses para su formulación. Esto equivale a 1875 años de trabajo de profesionales, y muy poco de esto está siendo aportado por la ingeniería forestal; pero lo más preocupante, los planes de ordenamiento no son la estación terminal de la historia pues éstos deberán ser administrados, corregidos, reformulados, etc. y muy pocos forestales se han interesado por ellos. Entre las varias plazas libres de profesores de los últimos cinco años, por lo menos una debió asignarse a este amplio frente de ejercicio profesional; no me explico cómo se les escapó tan evidente oportunidad.

Recuperación de áreas degradadas. Será un escenario de trabajo importante, pues el área andina va completando 150 años desde cuando empezó a ser colonizada y se cumplieron 50 años de haber finalizado su ocupación. Cincuenta años de uso descuidado, han sido suficientes para que se manifieste la desestabilización de muchas áreas que están requiriendo diferentes tipos de manejo. Téngase presente que ya se empezó a ofrecer en la ciudad un programa de posgrado de recuperación de suelos, con presencia de ingenieras forestales en su cuerpo profesoral, pero aún así es preciso producir mucho conocimiento y tecnologías apropiadas, para emprender el que será un esfuerzo costoso de estabilización y revegetalización.

Aprovechamiento de la flora y la fauna. El estudio de la diversidad de formas de vida, así como su aprovechamiento, ilímite en sus posibilidades (no necesariamente como mercancías, por ejemplo como medios para otros fines), es otro escenario prometedor. En alguna medida el desarrollo de la biotecnología se cruzará con el aprovechamiento de la diversidad biológica y debemos estar preparados para ello.

Reservas y recursos ecoturísticos; paisajismo. Este será un escenario siempre en ampliación y crecimiento. Una de las formas de utilizar el ocio de las gentes del mundo más desarrollado, consiste en salir a países de geografías y culturas diferentes y Colombia tiene bastante para ofrecer en tal sentido, pues se presentan aspectos convergentes de singular atractivo: país ecuatorial lluvioso y de montañas nevadas y volcanes, con litoral en los dos océanos, pero a su vez es país amazónico y también, de extensas sabanas. No son muchos los países con tales condiciones.

Plantaciones Forestales. En virtud de las características geográficas de Colombia, se presenta un alto número de formas de vida vegetal y animal y, derivado de ello, están las apreciables posibilidades que se presentan para el cultivo de muchas especies de árboles. Los árboles tropicales, los de la región subtropical y en menor medida los de las regiones templada y templada fría, prosperan bien en nuestro territorio, y seguramente, si trabajamos bien y persistimos en aprender y ser competitivos en este campo, la naturaleza nos ayuda bastante para llegar a importantes escalas de superficie plantada, y de producción y exportación.

Pienso que en algún momento, además de las plantaciones forestales homogéneas, estaremos implantando árboles y palmas en los potreros; por lo menos los condicionantes económicos y financieros parecen sugerir esto, a lo que se agrega la contracción del hato ganadero hacia una menor área de aprovechamiento en mejores pastos con igual o mayor número de cabezas.

Recuperación y conservación de cuencas. Además del campo tradicional así designado, que es y seguirá siendo muy importante, quiero llamar la atención hacia una actividad productiva que se está abriendo paso en nuestro medio: el envasado y la comercialización de aguas naturales, generalmente de torrentes de alta montaña y que además, cuenta con un importante mercado mundial en crecimiento.

Estas aguas demandan la estricta conservación de las condiciones prevalecientes en sus cuencas cubiertas por vegetación natural y el forestal puede contribuir a ello.

Reservorios de Carbono. Parece ser este un campo promisorio para la implantación de árboles de muy rápido crecimiento, en el orden mundial. En consecuencia es necesario estar atentos para aprovechar estas oportunidades profesionales y no quedar rezagados; como en algunos momentos de la historia profesional les ha sucedido a los ingenieros forestales.

Educación Ambiental. Esta es otra oportunidad perdida, aunque no irremediablemente, por la ingeniería forestal; debido al sectarismo con en que se opuso a las primeras irrupciones públicas del activismo ambiental, sin desconocer que este igualmente era extremadamente sectario y subjetivo.

Amén de los escenarios mencionados de trabajo, casi todos con demandas desde el mundo externo y para los cuales tenemos ventajas comparativas, existen otros ámbitos del quehacer profesional que, trabajados con creatividad y persistencia, pueden abrirse a la experiencia de la ingeniería forestal colombiana, así: producción de software, producción y exportación de semillas y de material de propagación, exportación de know-how, producción y exportación de equipo forestal, producción y exportación de manuales y libros, exportación de palmas y árboles y plantas vivas, etc.

Recomendaciones para el futuro

Es necesario el cambio de comportamiento y el desarrollo de valores; algunas ideas son las siguientes:

1.       Romper con la propensión al aislamiento sumado a la prepotencia profesional; remanentes de una historia de crecimiento y desarrollo difíciles.

2.       Sembrar la idea del progreso constante entre estudiantes y profesores. Una actitud conservadora en tiempos de cambio e innovación, así como de creación de programas que compiten los campos de aplicación de la ingeniería forestal puede ser mortal, pues quedaríamos a la orilla del camino de los mayores desarrollos. Y esto parece insinuarse en el horizonte actual. Por ello no debe olvidarse que, en otros 15 ó 20 años les estarán haciendo un balance de resultados, tal como lo he intentado yo en el día de hoy para el lapso de tiempo que me tocó vivir.

3.       Superar la permisividad, la propensión a echarle tierra a los problemas y la irritación por la crítica. Estoy convencido que somos fuertes porque nunca tragamos entero, o por lo menos algunos de los profesores.

4.       Mantener una sólida base matemática, estadística e ingenieril.

5.       Reforzar el campo de conocimientos del medio físico.

6.       Procurar sólidas bases en el estudio y el entendimiento de la vegetación natural y la ecología forestal y la silvicultura.

7.       No renunciar al conocimiento de la Zoología y de las poblaciones animales silvestres en sus relaciones de doble vía con la vegetación natural. Esta es una fortaleza alcanzada por la ingeniería forestal que no debe perderse; el estudio de la fauna silvestre por fuera de su medio natural es zootecnia.

8.       Mantener los campos básicos sociales: economía, política, legislación y administración.

9.       No dejar rutinizar ni vulgarizar las prácticas profesionales.

10.   Programar la asignatura Ordenamiento Territorial.

11.   Innovar en las metodologías de enseñanza y estudio.

12.   Propender por elevar el nivel cultural de profesores y estudiantes.

13.   Velar porque en los Comités Asesores de la carrera estén presentes miembros experimentados en asuntos ambientales y forestales, de Colombia y del mundo. Una buena asesoría a un programa no se da sino que se cuenta con asesores universales y experimentados en muchos campos, que hayan conocido a Colombia y viajado por distintos países del mundo.

La ingeniería forestal ha dado y puede dar mucho a su sociedad y a sus profesionales, para que ello sea realidad la fórmula es directa: espíritu de lucha, gusto por el cambio y la innovación, optimismo, una o dos ideas centrales que informen y le den cohesión al programa de estudios, pues este no es una lista amorfa de cosas sino que debe ser una estructura cohesionada que propende por un objetivo; además, debe estar en correspondencia con una visión compartida y concertada de lo que es y será el medio profesional y ojalá, una imagen de futuro de éste, construida por el mayor número de interesados.

Muchas gracias.

One Response so far.

  1. David dice:

    Hey muchas gracias por subir esta charla del profesor Norberto Vélez Escobar

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